De repente los monos empezaron a gritar y se pusieron a la defensiva mirándome. Yo no entendía nada, hasta que miré a mi izquierda y ví salir de entre la vegetación a un lagarto monitor o varano ( si no es esta la especie, lo siento ) de unos 2 metros de largo a menos de un metro de mis piernas, sacando la lengua y moviendo la cabeza de un lado a otro. Estaba tan cerca que llegó a tocarme con su lengua y entonces empezo a hacer una cosa rara levantando el torso...yo no sabía que hacer. Entonces, una voz me dijo: "Shhhh, no te muevas, quédate quieto..." Era uno de los guías que ya se había despertado. Se acercó a mí y empezó a hacer los mismos moviemientos que el lagarto....una situación un poco rara, pero al rato de hacer eso, el varano echó el torso al suelo otra vez, se dió la vuelta y se metió al río.

Nos sentamos en silencio a desayunar, té y galletitas dulces y a disfrutar de un momento de paz tan exclusivo. La selva empezaba a despertar con los sonidos de insectos, monos, pajaros...Pero un sonido se elevaba por encima de todos los demas, un grito que venía de lejos y aún así tenía una potencia enorme y un mensaje claro: Esta es mi selva!! Era un Gibón o como los llaman allí Siamang. Estos simios tienen una especie de membrana bajo el cuello que se hincha como en algunos sapos y lanzan un grito que se puede oir a mucha distancia. Cada mañana el macho y la hembra hacen esto juntos para reclamar su territorio. Me explicó el guía.
También me explicó que lo que había hecho con el lagarto unos minutos antes era también un comportamiento territorial. Los varanos enseñan el torso y sacuden la cabeza en señal de advertencia pero si otro mas grande que ellos hace lo mismo, se dan por vencidos. También me comentó que había que tener cuidado porqué algunas veces muerden y no hacen ascos a nada.
Al cabo de 1 hora más o menos empezaron a despertarse los demás miembros del grupo. Se acabó la paz. Desayunamos todos juntos, nos dimos un baño en la cascada y nos preparamos para separarnos. Todos se volvían al pueblo haciendo rafting por el río. Silvia, la chica alemana, decía que no querría venir con nosotros porqué íbamos demasiado deprisa y ella no podía seguir ese ritmo. Le prometimos que a partir de ahora iríamos mas despacio, el día anteior sólo intentabamos dejar atrás el ruido del grupo, así que aceptó acompañarnos una noche más.



